Crónica de cualquier expo
Nos chaineamos todas y todos para la actividad nocturna. Llegamos a las siete pasadas al lugar más sagrado, donde se gestan las próximas revoluciones sociales e intelectuales.
Después del protocolo ingresamos a las salas repletas de fotos, todas cool, hermosas, de gran calidad técnica; todas iguales pero no idénticas. En ellas encontramos a las personas más pintorescas que hay, nos cuentan, en los alrededores del mercado central. Son estas personas las que, según la cuarta acepción del diccionario on-line de la RAE, conforman al pueblo, tan cercano y lejano a la vez.
Alternamos nuestras miradas entre las fotos y los visitantes del templo, alternamos nuestros análisis de la situación sociocultural del país con nuestas apreciaciones, juicios, dos y don’ts de la última moda artísticaintelectual del país. Todo, por supuesto, acompañado de una copa de vino.
Tarde, como es menester, llegan los pesos pesados, la crema y nata, las estrellas de la escena.
Nos fuimos rápido a las 8:30. Salimos del templo con el alma llena, y en las manos un calendario para que decoremos nuestras casas con las fotos de la expo.












