Cine

Agua fría

La semana pasada se estrenó Agua fría de mar, el primer largometraje de Paz Fábrega.

Las últimas películas costarricenses que he visto no me han dado vergüenza (por supuesto, no vi Donde duerme el horror), en particular me gustaron El camino y A ojos cerrados. Por otro lado me parece que en general los cortometrajes hechos por costarricenses me han cautivado más.

Agua fría de mar se acerca a esa sensación que me dejan los cortos de, por ejemplo, Nicolás Pacheco o Ariel Escalante. El filme de Fábrega es arriesgado, no es predijerido, no cuenta todo y no es complaciente. La foto es espléndida, las actuaciones, sobre todo la de la niña, son convincentes. Eso sí, me parece que la historia pierde ritmo a veces, y el audio no es óptimo, sin embargo esto no me sacó de la trama. El riesgo vale la pena.

Dificil dar referencias a otros realizadores, pero de alguna forma ciertas escenas me remitieron a Fernando Arrabal y Lucrecia Martel.

Otra cosa que me agradó mucho es el tratamiento de la niñez, no es la típica y generalizada imagen de inocencia y bondad.

No voy a contar más porque la película está aún en cartelera.

Las máscaras de Bergman

No es necesario utilizar una máscara para ocultarse: una gran sonrisa cubierta de labial rojo basta. Es más, se puede prescindir del labial y dejar solo la sonrisa. Las máscaras, en el fondo, no son más que personas.

Quizá por eso la actriz Elisabeth Vogler – encarnada por Liv Ullmann – pierde la voz en medio escenario, mientras interpretaba la obra Electra. En un hospital, sin la capacidad o la intención para hablar, la actriz se encuentra al cuidado de una enfermera llamada Alma.

La estrecha relación entre ambas mujeres se convierte en el eje central de Persona, un filme por Ingmar Bergman. La película, dominada por un juego impresionante de luces y sombras, enfoques y desenfoques, cuestiona la existencia y razón de ser de cada uno.

Me tomó un tiempo llegar a ella, y hasta el momento no me explico cómo nunca la oí mencionar. Eso, hasta cierto punto, me intriga. Pero la intriga termina cuando la vuelvo a ver: no es de esos filmes que se comentan una y otra vez, es de esos que se ven una y otra vez.

Cine “Asco”: Salò de Pasolini

Este jueves 4 de noviembre continua el ciclo de cine que acompaña nuestra exposición Asco.

Presentaremos Salò o los 120 días de Sodoma, la última película de Pier Paolo Pasolini (días antes del estreno, un automovil pasó sobre Pasolini varias veces).

En este filme Pasolini toma la novela de Sade Los 120 días de Sodoma o la escuela del libertinaje, y la ubica en la República de Salò, estado fascista creado por Mussolini en el norte de Italia.

La película se exhibirá a las 7pm en Gráfica Génesis (de las piscinas de Plaza Víquez 250 metros al norte, calle 13, sobre la línea del tren). La entrada es gratuita.

Ciclo de cine “Asco”: Sweet Movie

Continuamos con el ciclo de cine paralelo a la exposición de arte visual Asco. Este jueves 21 es el turno de Sweet Movie (1974) del director serbio Dušan Makavejev.

Aquí una escena de la película:

Como todo el ciclo la película se exhibirá a las 7pm enGráfica Génesis (de las piscinas de Plaza Víquez 250 metros al norte, calle 13, sobre la línea del tren). La entrada es gratuita.

Ciclo de cine “Asco”: Antichrist

Paralelamente a la exposición de arte visual Asco, estaremos realizando un ciclo de cine. La idea es presentar filmes que tengan al asco como uno de sus elementos, en ese sentido no es un ciclo de cine gore.

La primer película que presentaremos es Antichrist (2009) del director danés Lars von Trier (Breaking the Waves, Dancer in the Dark).

Tráiler:

La película se exhibirá a las 7 de la noche el jueves 14 de octubre en Gráfica Génesis (de las piscinas de Plaza Víquez 250 metros al norte, calle 13, sobre la línea del tren), mismo lugar de la exposición. La entrada es gratuita.

Transfiguración de Christa

La mujer le pregunta a su acompañante “¿Adónde me llevas?” mientras se adentran en un enorme paisaje desértico. No está claro si ella está siendo rescatada o secuestrada, él -al parecer- olvidó contestar. Él es Philippe Garrel y estamos viendo su película, ella es Christa Päffgen, conocida como Nico.

Al armonio tengo conciencia de haberlo escuchado por primera vez acompañando las letanías sudorosas de Nusrat Fateh Ali Khan. Esta especie de teclado con fuelles produce un sonido insistente que lo ha hecho popular en la música con pretensiones espirituales.  Entre ellas la de Nico, quien a inicios de los setenta -armada con un armonio de mano- buscaba un sonido, algo que ya no pudiera llamarse rockandroll.

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Afuera alguien llama

Las líneas imaginadas que llamamos fronteras se usan para dividir entre una nación y otra, entre sanos y enfermos, conocidos y extraños, los de acá y los de afuera. Categorías discretas igualmente imaginadas.

Bruno S. siempre estuvo del lado de allá de varias de estas líneas. Creció en la marginalidad y ahí se mantuvo, pintando y tocando en las esquinas de Berlin su acordeón y campanas. No cantaba sus canciones sino que las “transmitía“, hablaba de él mismo siempre en tercera persona.

Eventualmente su trabajo se presentó en ferias de “outsider art”, etiqueta que sirve de visa de entrada para que los trabajos de quienes la sociedad considera inadaptados crucen la línea de la respetabilidad.

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