Sonaba “Down On Me” de Pink Reason cuando decidí irme a bañar. Ya en la ducha me cuestionada recomendar a Haruki Murakami con sólo haberme leído un libro y medio. Creo que un libro (y medio) basta para querer compartirlo; ya se lo recomendé a Zavorío dos veces. Kafka on the Shore (Kafka en la orilla) me gustó bastante; lloraba sin ninguna razón al leerlo (otro e/lit/ist me contó que le pasó lo mismo).
Hace mucho no lloraba, pero eso fue como en enero… Ahora me prestaron otro, The Wind-up Bird Chronicle (Crónica del pájaro que da cuerda al mundo): el que llevo por la mitad. Creo que si tienen un mínimo interés por la cultura japonesa, la cultura pop (en especial la música), el simbolismo, la alienación, los sueños y entender el macrocosmos a través del microcosmos, les podría gustar Murakami. Ahorita suena “Kity Empire” de Big Black, las medias están un poco sudadas entonces me entra un frío por la planta de los pies que me recuerda que por dentro llevo una armadura de huesos.
La forma más fácil de desacreditar la creación artística es apuntando al autor. La actividad ritual y falaz de otorgarle etiquetas innecesarias a una obra, valiéndose de la vida privada de su creador, es simplista y predecible. Ya Balthus sabía que iba a ser atacado por ese ángulo, por esta razón negó que su obra fuera reducida a un llano perfil biográfico, y en consecuencia, a un sensacionalismo mediático (tiro por la culata).
¿Cuáles son las preguntas que debería hacerse un niño?
1. ¿De dónde vengo?
2. ¿Por qué existo?
3. ¿Qué es la nada?
La fábula a continuación me hizo preguntarme todo eso alrededor del cuarto grado. No creo que la vi primeramente en esa época, pero Duck Amuck catalizó un existencialismo en mí; cuando el animador secreto (conejo conejo) le tira una pantalla negra a Lucas, o cuando se quiebra la cuarta pared, el niño de 10 años pensó en su propia pantalla y su propia pared. A continuación una creación de Chuck Jones del ’53 que cambió para siempre como percibí la realidad y las fábulas.
(Además, según una votación del ’94, es la segunda mejor caricatura de todos los tiempos)
«Bórrese esa picha», me dice Zavorío cuando hablamos de la no-muerte de mi cuenta en DeviantART. O, «hágase un Flickr» me dice la vox populi. Pero está voz no la ha dado Dios, y si fuera así, prefiero coquetear con el Diablo porque a veces (siempre) es más interesante. Es muy fácil culpar la necedad encontrada en la tradición y asumir que no dejo algo porque estoy acostumbrado a ello; es fácil porque es verdad. Sin embargo, como dijeron allá abajo, los gustos no son racionales y por alguna razón me gusta este lugar. Ignorando el fanart de Sonic, o los self-shooters que hacen modelaje y/o fotografía (o porno), uno encuentra oro en este lugar lleno de plomo.
Así como la realidad de donde provienen, las palabras son curiosas y poco estáticas. Dicha cualidad bribona de las palabras nos hace utilizar comúnmente el falso amigo «bizarro». Porque, a diferencia del inglés y el francés (bizarre), su definición en español no es sinónimo de extraño, raro o extravagante. Para nuestra parte del mundo bizarro es – o mejor dicho, debería de ser – valiente. Sin embargo, podemos encontrar una extraña semejanza interpretativa entre la extrañez y la osadía en prácticas y filosofías artísticas de siglos pasados. (más…)
A continuación, un rapidín: el video de Alice creado por el australiano Pogo. Un collage de sonido (o su término más “exacto” según Urban Dictionary, splice song) que me produce la más increíble calma.