NoisNois y Allegados en Casa 5: Segunda fecha
Por Sofía González

Frío. Un frío casi glacial acogía San José centro aquel viernes 27 de febrero, día en el cual se celebraría la segunda fecha de NoisNois y allegados en Casa 5. Las calles aledañas al Hospital Calderón Guardia se encontraban en un notorio estado de abandono. Todo era culpa de aquel helado viento que recorría las calles sigilosamente; el que pasaba de puerta en puerta pero le era negada la entrada. Por un momento parecía que el frío había logrado desacelerar el tiempo, así como el entusiasmo de las personas. Muchos NoisNois esperaban que las bajas temperaturas de la intemperie no afectasen, de manera alguna, la asistencia al evento. Y existía motivo para preocuparse por tal asunto: era el turno de Poper y 11:11, amigos cercanos del colectivo, los cuales se preparaban para envolver a todos aquellos asistentes su música.
Pues bien, es más fácil admitirlo de una vez. Sí, fue un concierto marcado por una asistencia relativamente baja, pero eso no afectó la calidad o calidez del evento dado tanto a la recepción de la audiencia como el carisma y el talento de los músicos presentes. Alrededor de las 8:00 PM, el proyecto liderado y producido por Andrés Calvo – 11:11 –, fue la encargada de, literalmente, romper el hielo. Poco a poco, las melodías etéreas absorbieron de forma casi absoluta la atención de los presentes. Muchos asistentes, concentrados e hipnotizados, eran incapaces de desviar su atención de la voz de Calvo: gran parte del entorno había desaparecido y lo único que existía era la música.
Poper, a su modo, desarrolló la atmósfera íntima con su propuesta musical, la cual raya entre lo experimental, electrónico y alternativo. Piezas como “Antitopo” o “Me siento como un globito” – conocidas por el público – fueron aplaudidas con efusividad. Sin embargo, el punto más destacado de la noche fue la colaboración entre 11:11 y Poper, que combinaba los mejores aspectos de ambos. Tan sólo imaginen la voz de Adrián Calvo, in crescendo, en combinación con las guitarras de Canfín y Lolo y la siempre creativa e impredecible batería de El Canciller. A lo largo de este momento climático, nadie fue capaz de moverse y romper con aquella inigualable energía que ofrecían los cuatro músicos.
Al finalizar la noche en Casa 5, imperaba entre la audiencia un sentimiento generalizado: pese a que fueron pocos, lo compartido fue intenso, personal y hermoso.
Fotos por Pablo Murillo:




