Archivo de septiembre, 2011

Del Chicomadera

Si aún no ha escuchado el EP de Woodkid vaya búsquelo porque este es el mop que promete. Y aunque hacer un cover de una canción de Adele no sea garantía de mayor mérito por estos días, su trabajo original como músico, director de videos (para Moby y Yelle) y creativo premiado hacen que el francés merezca un poco de nuestro tiempo online, muy a pesar de su sentido de la moda.

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Arte “Post-académico” en el Farolito

“Creo sinceramente que la mejor crítica es la que es amena y poética;
no esa otra fría y algebraica, que, bajo pretexto de explicarlo todo,
no siente ni odio ni amor, y se despoja voluntariamente
de toda clase de temperamento”

Charles Baudelaire. “¿Para qué la crítica?”, Salón de 1846.

 

La academia le enseña a uno a justificar sus opiniones. Desde el colegio me enseñaron que si me gustaba algo tenía que decir por qué; si no me gustaba algo, tenía que decir por qué. Los franceses tienen un apego especial a la metodología y al uso de la razón y la argumentación (¡maldita Ilustración!). Ellos le dicen justifier. A mí solo me aburre.

A veces –no, corrección: a cada rato- me pregunto por qué siento las cosas que siento, por qué me gustan las cosas que me gustan. ¿Qué es lo que hace del gusto el gusto? No, gracias, hoy no me interesa discutir a Kant.

¿No está–independientemente de toda teoría filosófica y/o epistemológica- el gusto sujeto al sujeto? A una especie de subjetividad, una percepción personalizada, mezclada a la visión de mundo, experiencias, personalidad, intereses, etc., de cada quién.

Académicamente es insensato, poco profesional y mediocre dejarse sentir, no pensar. Dejarse sentir, y desde ahí opinar. No usar citas de teóricos o artistas famosos para justificar mis opiniones, no porque no puedo, sino porque no quiero.

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Del reino de lo irreal

Henry Darger corrió con la suerte que sólo puede regalar la humildad. Por ingenuidad o un completo espíritu de genio, Henry viene a importarnos a estas alturas del 2011 a pesar de haber muerto en el 73. A pesar de ser todo menos un novelista en vida, o al menos no un novelista-reconocido-en-el-exterior-de-su-apartamento en vida, se le atribuyen las más de quince mil páginas del manuscrito “The Story of the Vivian Girls, in What is known as the Realms of the Unreal, of the Glandeco-Angelinnian War Storm, Caused by the Child Slave Rebellion” y de las ilustraciones que lo acompañan. Un vivo ejemplo del outsider art, si me perdonan la incoherencia.

“Henry Darger’s one-room Chicago apartment.”

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