Cuando cerraste los ojos (Austin TV en Costa Rica)
Escribir sobre la noche del 30 de Julio del 2011 me resulta –el día siguiente- difícil y confuso si trato de pensarla de manera racional e imparcial. La verdad, no se puede, y no voy a tratar.
La noche anterior al aniversario de 104.7 Hit el tan esperado concierto de Austin TV –yo no sé ustedes pero a mí desde cancelaron el Jarkor Fest se me rompió un poco el corazón- se me ocurrió que parte de lo interesante de la imagen de los integrantes de Austin es que usan máscaras, siempre. Es un concepto que siempre me ha gustado, en ésta y otras bandas, la parcial o total ocultación de la identidad para una especie de “bien mayor”: la música. Durante el concierto uno de los integrantes explicó al público el porqué de sus máscaras, diciendo que querían recordarnos que, así como ellos estaban ahí arriba en el escenario, cualquiera de nosotros podría estar haciendo lo mismo. No sé si era porque estaba en estado de éxtasis musical, pero las palabras entre piezas sonaban tan genuinas, casi tangibles.
Cada uno de nosotros es su propio Dios. Eso es algo que tengo presente desde hace tiempo pero que, a la vez, es difícil de asimilar. De la misma forma en que darse cuenta de que, en la vida, siempre se está solo, saber que cada decisión es un paso y cada paso forma nuestra existencia, implica una responsabilidad sobre la vida propia que, si se piensa, puede parecer abrumadora. Sin embargo ese sobrecogimiento de emociones más grandes que uno mismo, como un tsunami, no sólo revuelca, también nos devuelve a la superficie, con una piel más gruesa y más resistente. De alguna forma, el hecho de que todos estuvieran enmascarados me permitió divinizarlos -o deshumanizarlos-, dejar de fijarme en qué tocaba cada uno o qué sonido provenía de qué instrumento y simplemente observar y tragarme el concierto como una masa amorfa de sonido e imagen bombardeantes, tanto en sus silencios como en sus explosiones.
Devolviéndonos pues a la noche anterior al concierto, por alguna razón, pensando en los enmascarados, se me ocurrió “unirme”, quería sentirme de alguna forma anexa al espectáculo, no sólo como espectadora sino como partícipe. Más tarde, estaba viendo un documental de la BBC intitulado Seven Ages of Rock, y en uno de los capítulos, “Blank Generation – Punk Rock 1973-1980”, alguien decía – creo que era Brian James – que en los conciertos empezaba a llegar gente con maquillaje extravagante y ropa hecha por ellos mismos, y que era maravilloso que así el público se convertía en parte integrante del movimiento musical, del espectáculo mismo, ya no eran simplemente espectadores pasivos sino que pasaban a ser actores de la escena.
Me maquillé –con lo que pude encontrar- un antifaz amarillo brillante que, muy casualmente, era del mismo color del arte del nuevo disco de Austin TV.
Sí, yo sé, qué fan suena eso.
La cosa es que últimamente he estado pensando en la vida –y por consecuencia en la muerte-, y en la cantidad de cosas que no hacemos por los motivos más estúpidos. A fin de cuentas ¿qué importa?, si la existencia se despliega ante nosotros a través de nuestros propios ojos, nuestra forma de interpretar la vida es lo que va a condicionar los sucesos de la misma. Si no podemos confiar en nada más que nuestros propios sentidos, ¿cómo sabemos que lo que vivimos es la realidad? No lo sabemos. Y no necesitamos saberlo. Basta con recordar que lo que vivimos es nuestra construcción y que siempre estamos al mando. Somos los Dioses de nuestra propia existencia.
Pasé una de las mejores noches de mi vida, y antifaz o no antifaz, fui parte del espectáculo.
No quiero hablar de lo bien que sonaron todas las bandas, de que el sonido fue increíble, de que las luces estaban en maravillosa sincronía con el sonido o de los fucking mosh que se hicieron, porque la verdad sé que mucha gente hablará de eso, y en este momento a mí lo que me quedó de esas horas mágicas fue lo más metafísico de la experiencia, y eso es lo que me interesa.
Hoy, cuando abrí los ojos, parecía como si todo hubiera sido un sueño, tan lejano, y al mismo tiempo, ahora, si intento poner música me cuesta, como si mis sentidos estuvieran aún demasiado sensibles, como justo después de un orgasmo.
Si toda la organización del evento fue impecable, y la ejecución de cada artista estuvo a la altura de lo que cada uno de los espectadores esperaba del concierto, lo que aportaron, además, las cuatro bandas de alma y de dedicación musical es inefable. Yo esperaba volar, pero, como sabemos, las expectativas nunca se ajustan a la realidad; en cambio me evaporé, y a pesar de los empujones, la falta de espacio y de visibilidad momentánea –inherentes a este tipo de eventos-, la música fue más fuerte y lo que quedó impregnado en mi memoria emocional fueron esas olas galopantes de sonido prístino y destructor. Lo que me queda de la experiencia física son un par de músculos adoloridos y mucha, mucha sed. Esas se asimilan como heridas de guerra. Pero qué guerra más provechosa.
Quiero agradecer a todos los que estuvieron detrás de esa noche sublime, se pasaron.
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Sally
Excelente, me encanta!
Al fin encuentro a alguien que sintió lo mismo que yo. Austintv regala magia en bolsitas de fiesta por millones. Hasta el momento aún no supero haberlos visto; también sentí que fue un sueño.
1/08/11 , 9:50 am
Fiamma
Gracias Sally! La verdad dudo que hayamos sido las únicas personas que se sintieron así…pero de ahí viene lo mágico, la experiencia es íntima y personal
1/08/11 , 11:08 am
ast-monestl
Qué lindo texto (No sé si lindo será la palabra…) más que eso porque queda como una nostalgia muy tuanis en algún lugar por ahí dentro. Siempre me odié por haberme perdido a AustinTV en su propia tierra, pero después del concierto acá, quedo como digamos, aliviado. Y sí, con mucha hambre de más.
1/08/11 , 2:43 pm
Saira Ogeid
Fiamma es una pulga
19/08/11 , 3:48 pm