Archivo de julio, 2011

Cuando cerraste los ojos (Austin TV en Costa Rica)

Escribir sobre la noche del 30 de Julio del 2011 me resulta –el día siguiente- difícil y confuso si trato de pensarla de manera racional e imparcial. La verdad, no se puede, y no voy a tratar.

La noche anterior al aniversario de 104.7 Hit el tan esperado concierto de Austin TV –yo no sé ustedes pero a mí desde cancelaron el Jarkor Fest se me rompió un poco el corazón- se me ocurrió que parte de lo interesante de la imagen de los integrantes de Austin es que usan máscaras, siempre. Es un concepto que siempre me ha gustado, en ésta y otras bandas, la parcial o total ocultación de la identidad para una especie de “bien mayor”: la música. Durante el concierto uno de los integrantes explicó al público el porqué de sus máscaras, diciendo que querían recordarnos que, así como ellos estaban ahí arriba en el escenario, cualquiera de nosotros podría estar haciendo lo mismo. No sé si era porque estaba en estado de éxtasis musical, pero las palabras entre piezas sonaban tan genuinas, casi tangibles.

Cada uno de nosotros es su propio Dios. (más…)

De las vocales

Aeiou son Juan Son (el chico dorado) + Simone Pace (el hongo con esporas).
Por ahora no hay más información.

Tengo aire acondicionado. Vení a visitarme

Andrés Caicedo 1951-1977

 

Yo también debo usar esa especie de animal extraño frente a los ojos, pero para cosas diferentes. Él lo usaba para ver su tierra sucia o ensuciada, que en este caso no es lo mismo. Su Cali sucia. Su pantano caníbal, lleno de carros fantasmas que son carros asesinos. Yo, por mi parte, no sé para qué uso esta cosa dorada en los ojos, será para salvar una porción de carne, para en el fondo no renunciar a todo o, por lo menos, no todavía.

Aquí el pavimento está rayado de movimiento. Y eso solo empeora cuando creo que podríamos ir a tomarnos una cerveza juntos, para que Andrés entienda por qué yo digo que ya me agarró tarde, que ya no lo alcanzo, que se me fue la muerte. Porque estoy viejo a pesar de ser 5 años menor que él en su último día.

Él no entendería que yo le dijera que no. “Mirá, que aún hay tiempo” me diría Andrés con su cuerpo de niño, con sus ojos de niño, con sus lágrimas de niño bajando por mis ojos cada vez que ojeo sus fotos. Yo le diría “Sos imposible y nunca has existido. Me duele que ya no estés”, se lo diría con mi lengua de niño, chiquita, la única parte que me sirve como espejo. Entre Andrés y yo, todo lo que nos dijéramos nos llevaría a un gran silencio, a un silencio dormido de impotencia, porque somos amigos muertos.

“Despertaste demasiado temprano, Andrés” te diría cuando estuvieras hablando, cuando me estuvieras contando alguna cosa, una idea para una película o el sabor de los mangos de Cali.  “Angelito, angelito ¿por qué estás muerto?” te seguiría preguntando mientras vos me hablás del río Cali y yo debería preguntarte sobre esto porque no sé nada, pero no lo haré. Te preguntaré si a veces andabas en bicicleta sonriendo o que si llorabas como jugando y acariciando a los demás.

La noche de tu muerte no soltaste ningún berrido, no hiciste subir a nadie a tu cuarto. En este momento me estoy inventando la estructura de tu casa y la geografía de tu muerte, que suena mal, pero no me dejaste ninguna opción. Te sigo por la casa como si todavía tuviera esperanza de salvarme, pero sé que ya no se puede, que nunca estaremos juntos porque yo estoy demasiado viejo y cansado, pero más que todo harto. Te veo unos últimos segundos y digo “Las pastillas siempre me han costado y no me gusta tocarme las venas, tengo el cuello demasiado sensible y no creo que exista  la electricidad.” Me es imposible encontrarte a pesar de que te veo en el piso y sos un gran cuerpo de niño.

Nunca tuve oportunidad de salvarme, como vos, que no entenderías lo que te digo, porque lo que te digo es que solo la gente joven puede morir, a los demás nos toca acabarnos. Un via crucis de desgaste conjunto, social.

Es un viernes por la tarde en el universo y he matado a mis amigos. Porque los elegí muertos o, en el mejor de los casos, moribundos. Por eso desayuno mangos y gente fresca.