Afuera alguien llama

Las líneas imaginadas que llamamos fronteras se usan para dividir entre una nación y otra, entre sanos y enfermos, conocidos y extraños, los de acá y los de afuera. Categorías discretas igualmente imaginadas.

Bruno S. siempre estuvo del lado de allá de varias de estas líneas. Creció en la marginalidad y ahí se mantuvo, pintando y tocando en las esquinas de Berlin su acordeón y campanas. No cantaba sus canciones sino que las “transmitía“, hablaba de él mismo siempre en tercera persona.

Eventualmente su trabajo se presentó en ferias de “outsider art”, etiqueta que sirve de visa de entrada para que los trabajos de quienes la sociedad considera inadaptados crucen la línea de la respetabilidad.

Sin embargo Bruno S. no es conocido por su música o sus pinturas, si no por aparecer en dos películas de Werner Herzog. El Enigma de Kaspar Hauser (1974), sobre el caso del siglo XIX de un tipo que decía haber vivido toda su vida aislado en una celda oscura y Stroszek (1977) una película que -ha sido comprobado- conduce al suicidio (igual que Salinger al asesinato).

La frontera prueba también ser porosa entre las identidades de Hauser, Stroszek y Bruno S. quien parece seguir transmitiendo al actuar.  Es imposible separar a los personajes de la persona y se crea ese ambiente de rareza acartonada que domina ambas películas.

La mirada de Herzog sobre su actor es obviamente de simpatía, siendo él mismo bastante peculiar y obsesivo hasta la zapatofagia. Pero después de esa fama temporal Bruno S. siguió sobreviviendo al margen, haciendo música callejera hasta su muerte el 11 de agosto pasado. Herzog -por su parte- acaba de estrenar dos películas de Hollywood en menos de un año.

Puede seguir las respuestas de este tema en RSS .

No hay comentarios