Una larga franja de asfalto que recorre un número indeterminado de kilómetros es el denominador común. Y aunque muchos odien las filas eternas de carros, los hombres uniformados y – sobre todo- las calles de Costa Rica post Ley de Tránsito, las novelas sobre la calle dan una visión distinta de este espacio. Cada personaje tiene un motivo distinto para realizar su viaje, es la calle y no el destino el que provee la respuesta.
Es un viaje, estamos de acuerdo. Pero las road novels, a diferencia de cualquier otro viaje, tienen un encanto particular. Quizá es lo contemporáneo y lo familiar de la carretera, o quizá (quizá) el automóvil. Sea lo que sea, he aquí tres de los libros que más he disfrutado.

Los autonautas de la cosmopista de Julio Cortázar.
Es la cosmopista, y no la autopista. El anti-viaje donde lo importante es el asfalta y los cuarenta y tantos paraderos que se esconden en la carretera de París a Marsella. Ciertamente no es lo más destacado de la prosa cortazariana, pero como experimento y diario de viaje es, sencillamente, hermoso.

On the road por Jack Kerouac.
Mi copia de este libro está casi tan destruida como Jack Kerouac al final de su existencia. Pero bueno, era obligatorio incluirlo (destruido o no). Dean Moriarty y Sal Paradise realizan un viaje tan extraño como absurdo, con cantidades considerables de alcohol, benzodiacepinas y llantas quemadas.

Fear and loathing in Las Vegas de Hunter S. Thompson.
La calle en un auténtico gonzo acid trip. Y eso es todo.