El Congreso de Futurología

No pude evitar reirme a carcajadas cuando leí El Congreso de Futurología de Stanislaw Lem, conocido escritor polaco de ciencia ficción. Esta obra, la cual resumiré para quienes no la conocen, trata acerca de Ijon Tichy, invitado a un congreso futurológico que tendrá lugar en un monstruoso hotel Hilton ubicado en la nación de Costarricania.

Sí, Costarricania.


Sé que resulta agradable cuando, de imprevisto, alguien en una película extranjera, libro o programa de radio menciona a Costa Rica. Hasta el nacionalista más pasivo reacciona, pues tratamos con un extranjero que, al menos, sabe de la existencia de este lugar. Sin embargo, quiero resaltar que es Costarricania y no Costa Rica. En fin, sea un hecho adrede o no, y sin la posibilidad de preguntarle a Lem al respecto, la alusión a este país permanece como una incógnita.

Bueno, aparte de este detalle, el cual fue resaltado por Alexánder Sánchez (ávido lector de Lem y profesor de la UCR), debo admitir que la lectura es increíblemente amena. Y para demostrarlo, citaré:

¡El agua del grifo! Efectivamente: desde el mismo instante en que había bebido ese agua, habían empezado en mi los cambios. ¿Veneno? Sin embargo, aún no había oído decir que existiera alguno que pudiera… Aunque veamos… Soy un asiduo suscriptor de la prensa científica. Últimamente, en “Science News” publicaron unas notas acerca de los nuevos elementos psicotrópicos, del grupo de los llamados benignativos (que se inclinan al bien), los cuales se distinguen por el hecho de reducir la mente a la serenidad y la alegría aún en ausencia del más mínimo motivo.

¡Bah! Dejémonos de tonterías! Tenía bien frescas en la memoria esas notas: el hedodinol, la benefactorina, la enfasiana, el euforiasol, el felicitol, el altruismol (…) y toda una extensa gama de derivados. (…)

Para aquellos que no conocen a Lem, muchas de sus obras presentan versiones cinematográficas. De las más notorias resulta Solaris (Andrei Tarkovsky, 1972):

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