Los Poetas y el Mundo se Están Acabando Desde Siempre

El título de esta entrada es parte de un poema de Felipe Granados.

Felipe Granados, Escritor Costarricense (1976-2009)

Felipe se murió hoy. Yo lo supe hace cinco minutos. No sé si usted sabe quién fue, es por eso que escribo esto: quiero invitarlo a conocerlo (a pensarlo); ahora es cuando.

Yo no lo conocí, no en persona – aunque sí fui su amiga, de lejos: una de esas amistades en las que uno quiere más que el otro (más bien de las que solo uno está enterado).

“Entonces no te conocía pero es la misma ausencia, exactamente como si te escupieran en la cara.”


-Extracto de “Ella”.
Felipe escribió un libro que se llama Soundtrack. Yo lo tenía guardado y ayer me lo volví a encontrar, muy a propósito: lo busqué para remendar todas las oportunidades perdídas de hablarle en persona. (Pienso en qué le hubiera dicho, y me doy pereza: “qué bonito su libro.” “Qué lindo escribe usted.” “Yo a usted lo admiro.”) Es una constante de lo más absurda: uno siempre sabe lo que le quiere decir a alguien, hasta que tiene que decírselo.

“La maravilla que solía ser la nostalgia se ha vuelto un puñal indescifrable.”

- Extracto de “Ciudad de pobres corazones.”

Soundtrack se llama el libro que escribió Felipe. Cada poema tiene el nombre de una canción, y cada canción es parte de una compilación temática: la suerte, el dolor, el amor, el cine: lo universal, diría yo. Como su lectora, estuve convencida siempre de que Felipe creía tener miedo de todo, pero en el fondo no le tenía miedo a nada.

“La habitación es tan pequeña que, aún juntándose, apenas caben los dos, es decir: aquí no hay lugar para la muerte.”

- Nubes Negras.

Un libro que escribió Felipe se llama Soundtrack. Felipe nació en 1976, y Soundtrack en el 2005. La persona que me recomendó el libro, hace años, me dijo que había conocido a Felipe de noche, en San José. Me contó que conoció a un tipo flaco, un tipo ojerudo, que olía a guaro, fumaba y tosía. Un borrachito en una cantina, de esos que hablan de la vida conscientes de que no saben realmente de qué putas están hablando, y que se levantan de la barra perdiendo el equilibrio.

“Es curioso. Algunas veces él piensa lo mismo. Algunas veces cree que tienen razón. Pero se emborracha y se le pasa.”

- Extracto de “Pretty Hate Machine”.

Por esta primera impresión no es de sorprenderse que en mi imaginario Felipe se mezcle con Charles Bukowski, que a veces no sepa cuál es cuál, o si son sólo uno.

“De nada sirve sentirse oveja negra: el lobo entiende poco de apartheid.”

-Extracto de “Poemas del lobo feroz.”

Por eso, si a usted le gusta la poesía – pero le gusta pensar que también existe la antipoesía – le recomiendo el libro. También se lo recomiendo a cualquiera al que le pese esta noticia. Creo que Felipe contaba con la muerte; no sé, que la sentía cercana, que la escribía sin susto. No creo que haya sido un superhombre: estoy segura de que tenía miedo. Pero no lo menosprecio; de hecho, confío en que hoy se cumplió la profecía que él mismo auguró, y que seguramente le pareció el final más irónico y perfecto para su última manifestación literaria: irse.

Acá, la crónica de lo que Felipe mismo pensaba que sería su último día de vida, publicada en la revista Soho en Octubre del 2008:

Último Día De Vida

Todos las citas en esta entrada son del mismo libro: Sountrack, Felipe Granados. Ediciones Perro Azul, 2005.

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6 comentarios
  1. thar

    ani gracias, sinceramente gracias.

    27/08/09 , 1:30 am

  2. Alexánder Obando

    Aquí un poema de un de los genios del mundo, W. H. Auden, dedicado a otro poeta muerto: W . B. Yeats.

    Gracias, Ani, por tu poat. Sé que a felipe le habría gustado:

    EN MEMORIA DE W. B. YEATS

    1

    Desapareció en lo más crudo del invierno;
    helados los arroyos, casi vacíos los aeropuertos;
    desfiguraba la nieve las estatuas públicas;
    se hundió el mercurio en las fauces del moribundo día.
    Los pocos instrumentos que tenemos confirman
    que el día de su muerte fue muy oscuro y frío.

    Lejos de su enfermedad
    rondaban los lobos el bosque siempre verde;
    el campesino río no se tentaba con muelles elegantes;
    las lenguas enlutadas
    ocultaron al verso la muerte del poeta.

    Para él fue la última tarde como él mismo,
    una tarde de enfermeras y rumores;
    se rebelaron las provincias de su cuerpo,
    se vaciaron las plazas de su mente,
    el silencio invadió los suburbios,
    falló la corriente de sus sensaciones
    y se fundió el poeta en sus admiradores.

    Ahora está desparramado en cien ciudades,
    dado por entero a desconocidos afectos;
    deberá ser feliz en un bosque distinto
    y ser castigado por un código ajeno de conciencia.
    Las palabras de un muerto
    se modifican en las entrañas de los vivos.

    Pero en la importancia del ruido del mañana
    cuando los agentes rujan como bestias en la Bolsa
    y los pobres sigan con su sufrimiento acostumbrado,
    y cada cual en su prisión casi se convenza de que es libre,
    unos pocos millares pensarán en este día
    como se piensa en un día en que se hizo algo apenas desusado.

    Los pocos instrumentos que tenemos confirman
    que el día de su muerte fue muy oscuro y frío.

    2

    Fuiste, como nosotros, un tonto; tu talento supo sobreponerse a todo:
    la parroquia de mujeres ricas, el deterioro físico,
    a ti mismo. La loca Irlanda te hirió, y tú hiciste poesía de tu herida.
    Ahora Irlanda sigue con su misma locura y con su mismo clima,
    porque la poesía no hace que sucedan cosas; sobrevive
    en el valle que ella misma se crea, donde los ejecutivos
    no se aventurarían; sigue fluyendo al sur
    desde chozas de soledad y atareados dolores,
    por las toscas ciudades en que nacemos y morimos; sobrevive
    como forma de acontecer, como una boca.

    3

    Tierra, recibe a un huésped honorable:
    bajan a William Yeats a su descanso eterno.
    Que la urna irlandesa quede vacía de poesía.

    El tiempo que es intolerante
    con el audaz y el inocente,
    y en solo una semana indiferente
    ante un hermoso físico,

    adora los idiomas y perdona
    a quienes les dan vida;
    perdona vanidades, cobardías,
    y pone sus honores a sus pies.

    El tiempo que con esta extraña excusa
    perdonó a Kipling sus ideas,
    y habrá de perdonar a Paul Claudel,
    perdona a los que escriben bien.

    En la pesadilla de la oscuridad
    ladran los perros de Europa,
    y esperan las naciones vivas,
    cada cual secuestrada en su rencor;

    la desgracia intelectual
    clava los ojos desde el humano rostro,
    y en la mirada yacen congelados
    los mares de la lástima.

    Sigue tu senda, poeta,
    hasta el fondo de la noche;
    con tu voz inconstreñible
    convéncenos de la necesidad del regocijo;

    con el cultivo de un verso
    convierte la maldición en un huerto;
    cántale al fracaso humano
    en un rapto de aflicción;

    en el corazón desierto
    deja que surja la curativa fuente.
    En la prisión de sus días
    enséñale a alabar al hombre libre.

    W.H.Auden

    (De las traducciones de Rolando Costa Picazo
    y J.R.Wilcock)

    27/08/09 , 2:53 am

  3. Sören

    entre lo poco que puedo decir, da la casualidad que era poeta. paz a sus restos. también a los que se fueron este mes.

    su obra está completa.

    27/08/09 , 12:18 pm

  4. Ani

    Muchas gracias por agradecer la memoria de Felipe. Es un honor para mí escribir sobre él, y seguir siendo su fiel lectora.
    Qué hermoso pensar que a él le habría gustado mi post. Qué ganas de haberlo conocido cuando tuve el (los) chances… las cosas en la vida que uno no hace.

    27/08/09 , 11:53 pm

  5. R

    Frutos Extraños

    Ternimaste la vida
    balanceándote
    al final de una cuerda:
    justo como empezó.

    Atrás los niños y la flauta

    Hamelin ha vuelto
    al dominio
    de las ratas.

    la mejor manera de hacer luto es leerlo, leerlo, leerlo y leerlo

    28/08/09 , 8:53 am

  6. R

    ¡gracias por el post!

    28/08/09 , 8:54 am