Meter la cuchara

El siguiente es un texto colectivo que pretende describir desde diferentes cristales la instalación compuesta de alambre y cucharas realizada para el aniversario de ASM en el bar El Observatorio el 19 de junio del 2009.

1.

1.“Qué rico se siente que a uno le pidan que meta la cuchara”.

Un cristal se transforma en la mente que concibió:

[Lo de las cucharas nació como algo que había querido hacer hace tiempo. Pero después se hizo difícil. La mecánica de instalación requería una mano de obra muy pero muy intensiva. La obra era difícil, mucha la intensidad y pocas las manos.

Alon trajo muchas yardas de alambre. Yo ofrecí mis cucharas con huecos mecánicos.

Luego fue el enredo. Hacíamos nada concreto y todo un enredo.

A las diez y cuarenta y siete de la mañana, una cucharas bronceada. Dos minutos después, una cucaracha rubia.

Después del medio día fue la paloma atrapada en el lugar. Pobre, la estupida no puede salir. Las ratas vendrían luego.

Desorden de arte.

Regero de cosas.

Las cucharas eran absurdas. Su propósito era colgar. Colgaban y nada hacían. Solo la gravedad las quería.

Aun así, los transuentes como ustedes querían tocarlas. Extendían los brazos buscando algo y encontraban cucharas. Plasticas, blancas y baratas.

Despues vinieron los dibujos. Algunos buenos. Algunos rayones. Todos colgando.

El alambre desapareció. La mala luz lo escondía. Era todo lo que yo veía. Yo veía el alambre. El alambre topográfico hacía montañas, valles, colinas y depresiones.

Y líneas. Habian líneas y me gustan las líneas.]

2.“Solo la gravedad las quería”.
3.“Algunos buenos. Algunos rayones”.
Otro cristal. De tendedero el tendedero:

En 4 metros cambió la escala,me sentí mas a gusto al pasar por ahí, casi como en patio de la casa y los cordones de colores donde se tiende la ropa. Hubiera preferido medir 32cm menos para que alguna persona me alzara y corriera por debajo de la enredadera mientras me lleva a mí y así poder levantar las manos y sentir las cucharas.

4.“Hubiera preferido medir 32cm menos…”

Un testigo:

Lo más difícil es siempre el inicio. Así, cuando una araña de metal construye una telaraña de metal llena de moscas de plástico, lo mejor que puede hacer es tener un plan. Un plano A, un pan B, un flan C. En todo caso, bien habría hecho esta araña en desaparecer desde el primer momento, para ahorrarle a cualquiera la incomodidad de no entender bien como se teje y desteje una trampa de ese calibre.

Yo -que como cualquier otro entraba a la escena para encontrarme con el umbral del caos, con la apología de la crueldad, con la concepción del impromptu-, no hallaba donde ubicarme para participar sin ser participado. Conforme la araña tricéfala engullía ambición se iba formando de a pocos un exoesqueleto más bien tímido. Lo que describo como moscas, a ojos más escépticos y objetivos, podrían ser estalactitas de la era del neón, bombarderos rendidos, reciclaje en bruto, qué sé yo, cucharas sacrificadas. El entramado en cuestión se apoderaba de ingenuas moscas para nutrirse, al tiempo que las exhibía con el mismo espíritu retrogrado/bobalicón que mueve al hombre a diseñar trofeos. Las había que se dejaban a propósito, las que se creían incluso más estéticas que las demás colgantes, las ufanas en renegarse, las gregarias artesanadas, las novedosas culoretantes y las de-a-de-veras: moscas como las que se ven en las ventanas y sopas.

Si todos tienen un nombre, el mío es desgracia. Yo no era más libre que aquellas. Era una común representación del creador que se esfuerza por trascender el tiempo con su obra y por eso enfatiza el endeble devenir y la mortal mortalidad. Por supuesto, en ese presente no me detuvo la introspección, la araña estaba encantada en probar sus límites. Incluso me sentía tan afortunado de ser parte de aquella maraña tan tosca.

5.“…y las de-a-de-veras: moscas…”
La última de las partidarias. Meter la cuchara:

A veces uno es el desdichado que pidió lo peor del menú porque lo engañó la descripción.

Mientras todos comen, hay que pelearse con el tenedor para que no vuele de plato en plato sin permiso, por aquello de la decencia, del respeto de lo ajeno, y no sé qué más moralidades.

La mano tiembla, la boca saliva, y la cabeza duele de la envidia. Yo quiero sus papas. Yo quiero su pollo. Yo quiero su postre.

¿Puedo probar?

Aquél me debe plata, manda huevo que me diga que no. Ella hace mala cara, qué colerón, el otro día le pagué el taxi. El otro se hace el que no escucha. Ah pero cuando quiere que le presente a una amiga es un besaculos. ¡A todos les he cocinado, cabrones, y de gratis!

Al final, algo saca uno. Y hasta puede fingir que su comida está rica para tener qué ofrecer a cambio.

Pero desde cualquier ángulo que se vea, uno es el marginado de la cena: es como ser el voyeour en una orgía romana. Terminan todos satisfechos – talvez borrachos – con cara de marea alcalina. Y uno, pobre, resentido con el mundo, con Murphy o con quién se pueda (con quién se deje).

Qué rico se siente poder meter la cuchara sin permiso y sin resistencia.

Qué rico se siente que a uno le pidan que meta la cuchara.

Un montón de cucharas guindando de un alambre.

Papeles en blanco suspendidos.

Crayólas en la mesa.

¡Ah! ¿lo que usted quiere es que yo dibuje? ¿Qué participe de esta orgía?

6.“¿Puedo probar?”

7.“…uno es el marginado de la cena…”

Texto: Alon, Ani, -Jos., Pefo

Fotos: -Jos. (1,2,3,5,7), Pablo Murillo (4,6)

+: Busta

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3 comentarios
  1. mar

    -CHIVAS-

    8/08/09 , 8:02 am

  2. Ani

    El orden de los autores de los textos está chueco. Sería más bien: pefo, alon, -jos, ani. Aclaro por aquello de que de alguna manera eso importe. :)

    8/08/09 , 10:07 am

  3. atsub

    Quedó muy tuanis.

    13/08/09 , 10:36 am