diciembre 30, 2011

El tiempo pasa

Hoy, último viernes del año 2011, Visión Armónica del Caos lanza su más reciente EP, Tempvs Fvgit.
Este trabajo consiste en piezas realizadas para musicalizar trabajos audiovisuales, algunos de los audiovisuales nunca salieron, algunas de las piezas no fueron utilizadas para los audiovisuales que sí salieron. Aquí están todas.

Escrito por a las 1:27 am.

noviembre 10, 2011

11111111 o la reunión de herméticos

Este viernes 11/11/11 tendrá lugar una muy interesante actividad artística en el Teatro Laurence Olivier (a la par de la Sala Garbo (arriba del Bar Shakespeare)).

El Doyle Club de nuestro querido Diego Arias presenta un misterioso documental sobre la banda de rock instrumental Niño Koi.

El documental será seguido de un (intenso como siempre) concierto por la banda. Pero eso no es todo, hay más cosas preparadas, Diego Arias y Pablo Murillo nos presentan un corto experimental políticamente ambiguo sobre el cuadrilátero amoroso entre un nazi, un judío, una imigrante y una bestia.

El evento tendrá un costo de tresmil colones y empezará a las nueve en punto (sí, en punto), como deberían ser todos los eventos en este, el más impuntal de los paises.

Si no todo quedó claro, dejemos que Diego Arias nos lo explique de nuevo:

As above, so below (11/11/11, TLO) from Doyle Club on Vimeo.

Escrito por a las 1:07 pm.

septiembre 23, 2011

Del Chicomadera

Si aún no ha escuchado el EP de Woodkid vaya búsquelo porque este es el mop que promete. Y aunque hacer un cover de una canción de Adele no sea garantía de mayor mérito por estos días, su trabajo original como músico, director de videos (para Moby y Yelle) y creativo premiado hacen que el francés merezca un poco de nuestro tiempo online, muy a pesar de su sentido de la moda.

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Escrito por a las 11:10 am.

Categorías: Internacional,Música,Video.

septiembre 10, 2011

Arte “Post-académico” en el Farolito

“Creo sinceramente que la mejor crítica es la que es amena y poética;
no esa otra fría y algebraica, que, bajo pretexto de explicarlo todo,
no siente ni odio ni amor, y se despoja voluntariamente
de toda clase de temperamento”

Charles Baudelaire. “¿Para qué la crítica?”, Salón de 1846.

 

La academia le enseña a uno a justificar sus opiniones. Desde el colegio me enseñaron que si me gustaba algo tenía que decir por qué; si no me gustaba algo, tenía que decir por qué. Los franceses tienen un apego especial a la metodología y al uso de la razón y la argumentación (¡maldita Ilustración!). Ellos le dicen justifier. A mí solo me aburre.

A veces –no, corrección: a cada rato- me pregunto por qué siento las cosas que siento, por qué me gustan las cosas que me gustan. ¿Qué es lo que hace del gusto el gusto? No, gracias, hoy no me interesa discutir a Kant.

¿No está–independientemente de toda teoría filosófica y/o epistemológica- el gusto sujeto al sujeto? A una especie de subjetividad, una percepción personalizada, mezclada a la visión de mundo, experiencias, personalidad, intereses, etc., de cada quién.

Académicamente es insensato, poco profesional y mediocre dejarse sentir, no pensar. Dejarse sentir, y desde ahí opinar. No usar citas de teóricos o artistas famosos para justificar mis opiniones, no porque no puedo, sino porque no quiero.

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Escrito por a las 12:29 pm.

Categorías: Arte.

septiembre 9, 2011

Del reino de lo irreal

Henry Darger corrió con la suerte que sólo puede regalar la humildad. Por ingenuidad o un completo espíritu de genio, Henry viene a importarnos a estas alturas del 2011 a pesar de haber muerto en el 73. A pesar de ser todo menos un novelista en vida, o al menos no un novelista-reconocido-en-el-exterior-de-su-apartamento en vida, se le atribuyen las más de quince mil páginas del manuscrito “The Story of the Vivian Girls, in What is known as the Realms of the Unreal, of the Glandeco-Angelinnian War Storm, Caused by the Child Slave Rebellion” y de las ilustraciones que lo acompañan. Un vivo ejemplo del outsider art, si me perdonan la incoherencia.

“Henry Darger’s one-room Chicago apartment.”

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Escrito por a las 1:17 pm.

agosto 31, 2011

Sobre los erizos y su elegancia

Pasé gran parte del primer tercio de mi vida en un hotel en el centro de San José. Ciertamente, no era la colmena elegante en alguna parte de París – pero tenía algo. Seguro eran los largos pasillos de loza vieja y paredes crema, recordatorios de alguna época indiferente, o una escalera de caracol que atravesaba el centro del edificio como una columna vertebral.

En sus inicios, el hotel era frecuentado por muchos y habitado por pocos. Esos pocos optaban por vivir confinados en la comodidad de su habitación (de cuatro mil colones la noche, con televisor y aire acondicionado), pues la mayoría huía de los juicios de los otros. Escondidos en partes estratégicas del lugar, los salían ocasionalmente por lo necesario. Uno de ellos se sentaba al fondo del lobby y, armado con varios mazos de naipes, pasaba horas construyendo castillos. En algunas ocasiones pensé que hacía trampa, pues las cartas no se resbalaban con facilidad en contacto con las demás. A veces, cuando llegaba a mi casa, tomaba uno de los mazos de mi abuela y procedía a edificar un castillo igual o mejor… con resultados decepcionantes, por supuesto.

Aquel hombre tenía el encanto de un erizo, aunque nunca lo catalogué como tal. Paloma, por otro lado, necesitó solamente de tres capítulos para racionalizar impresiones y sentimientos que, en mi caso, tomaron años. Llámenlo envidia o incredulidad. Por eso dejé de creer en ella.

Paloma no logró conmoverme, y mucho menos la obra de la cual ella forma parte. Pero han pasado varios meses desde la primera y última vez que la leí, y por alguna razón esta permanece muy fresca. Quizá es, porque de alguna forma, me enseñó algo que ya había olvidado.

Escrito por a las 12:47 am.

agosto 21, 2011

Fleur Jaeggy tiene una frente hermosa

Hay algunos lugares que se conocen como libros. Algunos son terribles y destructores. Los mejores son terribles y destructores. Los demás esperan a la distancia a que haya lluvias e inundaciones. Pero a mí no me interesan estas ansias meteorológicas. Me interesa su crueldad, su forma de mirar al mundo, una mirada que ve un cuerpo, recién asesinado o por lo menos en esa etapa de putrefacción leve donde la necrofilia todavía es disfrutable.

Con su nombre impronunciable viajamos como una hija a través del océano, sobre el océano, por debajo de algo muy grande que nos impide ver a los pájaros besándose, a los pulpos mostrar sus manos y despedirse. Fleur Jaeggy nos corta las pupilas y todos estamos de acuerdo con eso. Le tomamos cierto gusto al malestar, a ese ambiente casi peligroso que se siente, tal vez por la ausencia de tantos ángeles que han aprendido a no decir lo indicado, a no dar precauciones.

Murmurando en un idioma ininteligible se puede conversar con ella, aunque se muestre muy seria, aunque enseñe su cara de animal de cementerio. Podemos comunicarle que no sabemos dónde estamos, que no sabemos qué hacemos con los libros al frente, a pesar de aparecernos siempre y desaparecernos luego. Ella hará una pausa sumamente larga, esperaremos a que termine mientras vemos la televisión en nuestras casas, esperaremos a que responda mientras bañamos a los hijos de nuestros hijos.

Hoy no me he permitido ver su foto. Escribo esto de memoria, con una mano tapándome los ojos, pero como si fuera su mano. Fría y suiza, que a veces es lo mismo. Me cubre los ojos, mientras ella y yo, nos tomamos las manos. Cuando intento abrir los ojos siento la suya muy seca y envejecida, cuando cierro los ojos, dejo que me guíe como si fuera un gato. Ella o yo. Cruzamos un patio en el que hace años no llueve. Subimos a un árbol, que es una extensión de la luna y que casi la toca. Subimos muy alto. Le echo una ojeada a nuestros cuerpos y hemos perdido las propiedades humanas, no tenemos zapatos, no tenemos fajas ni ropa interior. Ella se pone un dedo en la boca y me mira como ha mirado el mundo siempre. En ese momento me siento parte del mundo. Y no hay forma de sentirme bien.

Me he quedado en la misma rama, del mismo árbol. Me tapo los ojos con mi mano y con la otra escribo esto, escribo esto, escribo esto. Ella ha seguido subiendo, dejando un camino de hormigas lunares. El camino de hormigas está inmóvil y ella tiene sus ojos de gato posados en mí. Cuando ella me mira yo no tengo ojos. Tengo una mano que me tapa el cuerpo.

Escrito por a las 5:11 pm.

Categorías: Arte,Literatura.